27/07/2012

Hacia la ciudad vivible y confiable


Santiago había pasado de 952 mil habitantes en 1940 a un millón 350 en 1952. En 1960 había llegado a un millón 900 mil, para alcanzar tres millones 900 mil en 1982. Finalmente, en 1990 completaba los cuatro millones 800 mil habitantes. Junto a su población, crecía también su extensión: de 6.500 hectáreas que tenía en 1930 había pasado a 38.296 en 1980, para llegar a más de 60.000 en la década del 90.

Se habían intentado realizar varias ideas para hacer más confortable esta hacinada ciudad. En los años 60, el gobierno del Presidente Jorge Alessandri formuló un Plan Nacional de Vivienda, incluido en un Plan Decenal de Desarrollo Económico que dejaba a la iniciativa privada la construcción de viviendas, e innovaba con el concepto de autoconstrucción . Posteriormente, el Presidente Eduardo Frei Montalva agregó otras soluciones, incorporando la salud y la educación como conceptos globales al problema de la vida en la ciudad. Así, el 7 de agosto de 1968 se creó la Ley de Juntas de Vecinos y demás organizaciones comunitarias, y de la Consejería de Desarrollo de Promoción Popular. También nacieron los programas de Operación Sitio, de Ahorro Popular, y otros más orientados a que los pobladores crearan sus propias empresas de materiales de construcción.

Sin embargo, a pesar de todos estos esfuerzos, 1973 encontró a unas 500 mil personas viviendo en campamentos, con 272 de éstos rodeando Santiago. La política de vivienda del Presidente Salvador Allende había creado un Plan de Emergencia que tomaba en cuenta la realidad de estos campamentos ilegales, llegando a entregar un promedio de 52.000 viviendas anuales. Estos campamentos fueron sentidos por una parte de los santiaguinos como una clara amenaza a su seguridad, y su existencia formó parte de los argumentos para la intervención militar posterior.

La política imperante durante el gobierno militar fue concentrarse en obras de equipamiento y obras públicas que apoyaran “un desarrollo urbano liberado”. Sin embargo, en 1985 el gobierno restableció las regulaciones urbanas explícitas, reconociendo una participación más activa de la comunidad. También se tomó la decisión de densificar la ciudad más que extenderla.

Un elemento importante de adelanto urbano durante el gobierno militar fue la completación de las líneas 1 y 2 del Metro de Santiago. Los estudios habían comenzado en 1965, y las obras en mayo de 1969. En septiembre de 1975 se inauguró la Línea 1, y en 1980 la 2. También se terminaron las vías de circunvalación, ciertos nudos viales, y calles peatonales como el Paseo Huérfanos y el Paseo Ahumada. Se recuperaron edificios históricos para el patrimonio nacional, se despejaron de publicidad visual calles que estaban saturadas, y se levantaron algunas construcciones simbólicas, como la llamada Llama de la Libertad en la remodelación de la Plaza Bulnes. Por otra parte, el 27 de enero de 1994 comenzaron las obras de la línea 5, las que concluyeron el tramo planificado hasta entonces -que unía la comuna de La Florida con la Plaza Baquedano- en abril de 1997. Posteriormente, se decidió extenderla hasta la Estación Santa Ana, cruzando la comuna de Santiago y uniéndola con la línea 2 sobre la Ruta 5; este tramo está en plena construcción y será entregado al uso el año 2000.

Restablecida la convivencia democrática, los años más recientes han traído otras señales. Pese a los problemas acumulados, tienen un lugar relevante en este cuadro los proyectos de renovación, concluidos o en desarrollo, llevados adelante por la Municipalidad de Santiago. Las iniciativas de repoblar la comuna y fortalecer sus barrios se destacan por su metodología participativa y su intención de recuperar para la ciudad y sus habitantes, su patrimonio histórico.

Así, luego de décadas convulsionadas, la dinámica urbana no pierde su sentido original y arcano; el destino de la ciudad y de sus barrios es propiedad de sus habitantes.


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